Cuando sale el sol
El niño de tres años no solo tiene a flor de labio esta pregunta, fácilmente en el día puede hacer tantas preguntas como lo ordene su inteligencia y en verdad creo que la respuesta que imaginemos podrá ser convincente o no, pero cumple con la expectativa infantil.
Es claro que no debemos inventar respuestas porque la mente de un niño a esa edad es una esponja y si le inventamos una respuesta errónea, corremos el riesgo de perjudicar esa maravillosa computadora que comienza a programarse.
Basta con observar lo que pasa en las familias donde le léxico utilizado no cumple con los mínimos requisitos e inclusive se manifiesta una gran alegría cuando un niño así de tres años emite palabras no gratas o groseras.
El caminar de los niños de tres años, en medio de tantos conflictos creados por los adultos, que de manera irresponsable trata de festejar las incongruencias que pronuncia ese niño sin siquiera entender lo que está diciendo.
Muchas veces he comparado a ese tipo de actitudes a lo que ocurre cuando configura la computadora personal una persona equivocada y pensamos que es la computadora la que no sirve y se trata solo de una manera equivocada de configurar.
No existe tanto riesgo si nuestra computadora no funciona correctamente, se borra lo escrito y se vuelve a configurar ahora con una persona responsable en verdad y asunto arreglado.
Lamentable es que en un niño no podemos hacer lo mismo, porque la capacidad de almacenamiento de información es de magnitud que hasta este momento podemos imaginar solo parcialmente, de manera que el daño no se puede corregir.
Cuando se habla de educación resulta tan amplio el concepto que es muy difícil imaginar lo que cada persona piensa en función de la educación.
Ocurre también que muchos papás insisten en enviar a sus niños a la escuela, cuando superan los tres años de edad, sin pensar que esa edad es la adecuada para que el niño aprenda los principios en el seno familiar.
Es como la comida, los enterados afirman que un niño debe comer suficiente y nutritivo hasta los cuatro años para evitar enfermedades peligrosas.
Pero si insisten los papás en desprenderse a esa edad de sus niños, lo que están provocando es suficiente para que cuando lleguen a edad mayor se manifiesten actitudes adversas.
Creo que es muy importante hacer énfasis en estos asuntos, pues en los niños es donde está el verdadero futuro de las naciones, el verdadero futuro de la sociedad, eso es salud social.
Ya habrá tiempo de que esos niños ingresen a estudios secundarios o mayores, para que aprendan con la sencillez que le caracteriza al joven, todas las palabras y actitudes contrarias a las buenas costumbres.
Pero mientras sean niños de tres años, nada ni nadie tiene derecho a celebrar la mala utilización del idioma, que el nuestro es maravilloso y se eleva cuando se utiliza de manera correcta.
Mi recomendación es: Disfruten papás, cuando sus niños de tres años cuestionen cuando y porque sale el sol, o porque se hace de noche o porque llueve, disfruten de verdad.

