sábado, 27 de agosto de 2011

Ceremonias antiguas


En ceremonias orientales antiguas, se presentaban en los teatros los hechos heroicos, para mostrar al pueblo las consecuencias en pro y en contra de cada evento que marcaría la historia.

Empleaban el drama para grabar lo que descubrían los científicos y plasmaban en la memoria de los adeptos, y celebraban como sus predecesores la desaparición o muerte aparente del Dios.

El Osiris de los egipcios, el Memmon de los etíopes, el Mitro de los persas, el Baco de los griegos, el Atys de los frigios, el Adon de los babilonios, el Hiram hebreo, Ishua Krishna de los indios.

El Jesucristo de los primeros cristianos, y todas las grandes divinidades, héroes, políticos o príncipes que la tradición inmortaliza, no son tal vez otra cosa que brillantes alegorías del astro del día, el sol.

Muerte y resurrección quizás configuran los meses, los fenómenos del firmamento y las constelaciones del zodiaco.

Para satisfacer la curiosidad el método de enseñanza resultaba muy efectivo, que mejor que hacerlo por medio de representaciones teatrales.

El neófito debía conocer el origen de los principios religiosos que inculcaban en grandes y pequeños, amos y esclavos, le revelaban así lo que sabían de la ciencia astronómica, entre todas la más estimada y secreta.

Se estructuraban leyendas de tres asesinos de un personaje sagrado o fundamental y que al designar a nueve voluntarios para ir en busca de esos delincuentes, era la alegoría de las doce constelaciones del zodiaco.

El número nueve para ellos contenía el misterio de la perfección y le otorgaban el título de sagrado los ministros de la raza sacerdotal de la India y otros lugares, es posible que haya sido por la característica de ser múltiplo del tres paralelo a las propiedades del triángulo.

Los signos alegóricos que hoy conocemos como : Libra, Escorpio y Sagitario, presiden los meses de otoño que representan a los asesinos del personaje.

Pero como le siguen: Capricornio, Acuario y Piscis, que rigen los signos de invierno, quedan ociosos por las condiciones del clima y entonces nada pueden hacer.

Hasta que entra la primavera con los signos regentes de Aries, Tauro y Géminis, que guiados en el desierto descubren el lugar donde huyeron los asesinos.

Ese lugar se encuentra junto a la roca en la que estuvo poéticamente atada Andrómeda, cuando llegó a salvarla Perseo, era una caverna o morada de la esterilidad.

El mar de occidente que limita ese lugar, es un abismo en que los astros parecen sepultarse y era visto como la estancia de la muerte.

Se dice que en aquella región del cielo, ocupada por los signos del zodiaco se retira el sol después del solsticio de estío, en el que se juzga que muere.

Desde luego que la manera de enseñar la sabiduría de la época resulta quizás un tanto fantasiosa, pero ni duda cabe que el ingenio para difundir esos conocimientos debió ser muy elaborado y efectivo.

Para los tiempos que estamos viviendo resulta increíble lo que hemos platicado en estas líneas, pero habremos de imaginar que la ausencia de la tecnología actual en aquellos tiempos indudablemente que debió complicar los métodos de enseñanza..

Solo la imaginación creadora de los seres humanos, hizo posible que cada uno de los pensadores de esos tiempos, pudiera diseñar la manera de transmitir los conocimientos.

Debemos volver la vista al cielo para recuperar todo aquello que tanta sabiduría entregó a nuestros antepasados ya que la tecnología actual nos ha limitado el arte de imaginar.

Es posible que esa sea la tarea que debemos heredar a las nuevas generaciones o tal vez, esas generaciones futuras entreguen otras maravillas.


viernes, 26 de agosto de 2011

Un viaje


Me encuentro en un lugar desconocido pero lo siento adecuado, estoy percibiendo el aroma de una rosa, o muchas rosas sin poder describir ese aroma en realidad.

Se percibe algo especial en el aire, pero tampoco lo puedo describir, es como una brisa exquisita, se escuchan voces cantando de una manera grandiosa que nunca antes había escuchado.

No siento esfuerzo alguno ahora que estoy caminando, parece más bien como si estuviera flotando, no entiendo porqué me siento tan liviano, nunca antes me había sentido tan bien como en este momento.

El ambiente es agradable, no siento ni frío ni calor, aunque el sol es brillante parece que sus rayos estuvieran controlados por una serie de filtros que sin opacidad, su brillantez resulta muy agradable.

Es un jardín muy florido y veo pasar a mucha gente pero a nadie conozco, ahora trataré de acercarme a alguien para preguntar como se llama este jardín.

Veo personas que parecen empleados de alguna compañía importante, su vestimenta es similar, todos ellos de blanco, parecen túnicas, o algo así.

Intento pedir que se detengan pero todos me miran y hasta me sonríen pero no se detienen, y no se aprecia que tengan prisa por llegar a algún lado.

A mi derecha veo a unos muchachos que llevan unos libros, pero lo curioso es que también visten ropas muy parecidas a las personas que vi antes, tratare de preguntar donde estoy.

Apresuran el paso y entiendo que no desean hablar conmigo, aunque conforme avanzan unos metros me saludan y otros solo me sonríen.

En el tiempo que llevo en este lugar, vienen a mi mente pensamientos raros, que nunca antes conocí, pero la verdad es que no entiendo que es lo que esta pasando.

Se presentan situaciones como si fueran sueños dentro de otro sueño, y no acierto a descubrir si uno es verdad y el otro no, pero como saber cual es verdadero.

Quiero descifrar esta situación porque siempre me pierdo lo que he soñado, generalmente lo olvido al despertar, y es que no se que es lo que estoy haciendo en este lugar.

Jamás imaginé hacer un viaje a un lugar como este, no me desagrada, pero si me gustaría saber en que parte del país estoy, pues no recuerdo la geografía de un lugar como este.

Claro que, no me puedo quejar, este es un lugar que no me desagrada, es más, hasta me parece mágico, solo espero a alguien que me indique donde puedo encontrar un hotel agradable y que no sea muy caro.

¡Julio!__ ¿Quien me llama? ¿Quién sabe mi nombre?
Mi nombre es José, y te suplico me disculpes, ya que hasta hace unos instantes fui informado de tu llegada y soy el encargado de conducir a todas las personas que recién llegan a este lugar, te mostraré en seguida tu habitación.

Contesto de manera automática: Mire, usted me parece muy atento, pero también se muestra misterioso. Hasta ahora pensaba que todo esto era un sueño, pero comienzo a dudar, esto no es un sueño, tengo la sensación de que todo esta sucediendo en verdad.

Vamos a ver Julio, haz memoria de lo que sucedía antes de que entraras en este lugar.
Recuerdo haber ingresado a un hospital y no había diferencia entre el día y la noche, cada momento me sentía más derrotado.

¿Recuerdas algo más?
Sea sincero conmigo José, por favor, abandone esa actitud de misterio y dígame que es lo que pasa, ¿Estoy muerto?... ¿Estoy muerto? ¡Estoy muerto!

Tranquilízate, no tengo permitido contar lo que está sucediendo, ten paciencia y todo se te va a aclarar en tiempo y forma, pero tranquilízate.

En ese momento desperté, y, durante mucho tiempo, quizás horas, mis dudas aumentaron.

jueves, 25 de agosto de 2011

Proteger la sabiduría


Proteger un conocimiento es fácil, lo podemos guardar en una disco o en una memoria electrónica, lo cual resulta muy simple, pero, ¿Donde guardar un conocimiento hace miles de años?

Difícil de imaginar en donde guardar un conocimiento o redescubrimiento, que va a servir a las futuras generaciones, cuando solo se conoce una forma rudimentaria de escritura, cuando para definir un tiempo largo solo se entendía como cuarentena.

No es difícil imaginar que la cifra máxima era la cantidad de cuarenta, quizás por los veinte dedos, sumarlos dos veces resolvía el problema para una cantidad mayor.  

Escritos antiguos describen hechos como el diluvio que permaneció durante cuarenta días y cuarenta noches, es posible que este dato sirva para entender la forma como definían eventos de todo tipo con duración mayor a cuarenta.

Pero los avances en la tecnología, sociedad y mística, seguían adelante, plasmarlos en papiros o cualquier equivalente al papel, rocas o lugares propicios para escribir o dibujar era un buen sitio para guardar los conocimientos.

Los efectos del gran disolvente que es el agua, no permitía conservar los conocimientos en ningún material, hasta que surgió la gran idea: Guardarlo en un vicio.

La sabiduría se guardó en un vicio, de esa forma se pudo conservar uno o muchos datos de la época para bien de la humanidad.

Las cartas del tarot son las que sirvieron para imprimir todo el conocimiento de hace miles de años y como son utilizadas tanto para juego como para adivinación, se convierten en vicio de muchas personas.

La reproducción exacta de las imágenes de las cartas es lo que valida lo que se intentó guardar y siempre habrá quien las reproduzca integras para conservar el factor suerte tanto en el juego como en la adivinación.

La historia dice que las cartas del Tarot contienen los conocimientos emitidos por la cábala hebrea, que dichos conocimientos emanan del libro sagrado hebreo, y no deja de maravillar la idea de agruparlos en esas cartas.

No tengo a la mano pruebas que permitan saber si en verdad las cartas sirvan para predecir el futuro de las personas, pero lo importante es que las figuras plasmadas en cada una de esas cartas contienen una serie de elementos muy simbólicos.

Queda claro que el ingenio del hombre es el motor fundamental para la evolución de la sociedad y la custodia de la sabiduría.