martes, 17 de enero de 2012

La medicina e Hipócrates


En el diagnostico de la enfermedad, Hipócrates introdujo elementos del método científico aunque parezca increíble de acuerdo a su tiempo, exhortaba a la observación atenta y meticulosa; ordenaba: “No dejéis nada a la suerte, controladlo todo, combinad observaciones contradictorias, concedeos el tiempo suficiente”.
Hipócrates hizo gráficas de las curvas de temperatura de muchas enfermedades, desde luego que mucho antes de la invención del termómetro, recomendó a los médicos que, a partir de los síntomas del momento, intentaran predecir el pasado y probable curso futuro de la enfermedad.
Daba gran importancia a la honestidad y estaba dispuesto a admitir las limitaciones del conocimiento de los médicos, no mostraba ningún recato en confiar a la posteridad que más de la mitad de sus pacientes habían muerto por causa de las enfermedades que él trataba.
Sus opciones, desde luego, eran limitadas, los únicos fármacos de que disponía eran principalmente: Laxantes, eméticos y narcóticos, se practicaba la cirugía y la cauterización, se lograron avances en este sentido hasta la caída de Roma.
Dos mil quinientos años y más han pasado, y aún se le recuerda con la misma seriedad a Hipócrates como padre de la medicina, pero se le recuerda principalmente por sus esfuerzos en retirar el manto de superstición de la medicina y llevarla a la luz de la ciencia.
Mientras en el mundo islámico florecía la medicina, en Europa se ingresó realmente en una edad oscura, se perdió la mayor parte del conocimiento de anatomía y cirugía, se prefería la confianza en la oración y las curaciones milagrosas.
Se utilizaban cánticos en gran medida, pociones y amuletos, se restringieron las disecciones en cadáveres, lo cual impedía que los que practicaban la medicina adquirieran conocimiento de primera mano del cuerpo humano, se llegó a un punto muerto en la investigación médica.
Durante diez siglos no se hizo ni un solo descubrimiento que exaltara la dignidad o promoviera la felicidad de la humanidad, ni una sola idea se había añadido a los sistemas especulativos de la antigüedad, y toda una serie de pacientes discípulos se convirtieron en su momento en los maestros dogmáticos de la siguiente generación servil.
Hipócrates escribió: “Los hombres creen que la epilepsia es divina, solo porque no la pueden entender” pero, “si llaman divino a todo lo que no pueden entender, habría una infinidad de cosas divinas”.
En lugar de reconocer que somos ignorantes en muchas áreas, hemos preferido decir cosas como que el universo está impregnado de lo inefable, se le asigna la responsabilidad de lo que todavía no entendemos a un Dios.
A medida que fue avanzando el conocimiento de la medicina, cada vez era más lo que entendíamos y menos lo que teníamos que atribuir a la intervención divina, tanto en las causas como en el tratamiento de la enfermedad.
La muerte en el parto y la mortalidad infantil han disminuido, el tiempo de la vida ha aumentado y la medicina ha mejorado la calidad de vida de millones de personas en todo el planeta.
Va a ser imposible olvidar a Hipócrates en dos mil años o más en el futuro.