Repartir
el patrimonio que tanto esfuerzo ha costado a lo largo de la vida, no es cosa
fácil, cierto que puede ser muy pequeño, pero es lo que a la fecha existe,
suficiente para que mis hijos puedan mantenerse y quizás lo puedan hacer
crecer.
Aunque
hoy día no tengamos la cultura del testamento, quiero tocar este punto que de
acuerdo a encuestas empíricas, este es uno de los problemas fuertes en la
sociedad mexicana de todos los niveles, y me temo que lo que pasa es que
tampoco se tiene la cultura bien clara de lo que significa bien vivir y bien
morir.
Gran
problema resulta atender los asuntos que dejaron pendientes padres o abuelos,
generalmente se habla de casas intestadas, hasta la ropa que dejó quien cruzó
el portón de la vida, es motivo de discusiones entre hermanos o parientes.
Cuando
se es viejo y alguien trata de indicarnos lo que se debe hacer, generalmente
surge un conflicto con la afirmación: todavía no me estoy muriendo, o que ¿Ya
me quieres enterrar?, o ¿Para que, sino no tengo nada de valor?
Todo
lo que se tiene mucho o poco, todo es valioso, la simple pensión por muy
pequeña que sea, debe aparecer en el testamento por lo menos para comprar
flores y ayuda económica para los gastos finales.
Un
auto usado, aunque el valor sea pequeño, mas vale que un testamento especifique
un beneficiario, para que se pueda vender sin ningún contratiempo, un
testamento simplifica lo que haya que hacer.
Nada
justifica dejar ese problema, nada justifica la apatía en estos asuntos, solo
me pregunto si a lo largo de 30, 40 0 50 años la familia logró construir una
casa modesta.
Con
determinados lujos o sin ellos, y quien parte primero es el jefe de la familia,
menudo problema deja a la viuda si muere intestado.
La
mamá, como es razonable quiere por igual a todos sus hijos, y que mejor que
conservar la unidad, inclusive en la misma casa.
Pero
si al crecer, se casan y forman familia propia o derivada, por lo general los
cónyuges no se descubre antes lo que piensan al respecto, pero también “tienen
derecho”.
Los
hijos piensan que la casa debe venderse para repartir el capital, y nadie toma
en cuenta el sacrificio para levantar ese pequeño gran palacio, pero todos
pelean su derecho, ¿Qué hacer entonces?
Opina
un amigo, que es bueno elaborar un testamento con la figura que se denomina
patrimonio, que impide la venta de la casa, solo permite renovación y
mantenimiento.
Una
consulta con cualquier notaría despejaría rápidamente la duda, pienso que con
esa modalidad, todos los miembros de la familia en segunda y tercera
generación, por lo menos tendrían un techo donde vivir.
Invito
a quienes esto lean, que lo piensen un instante, puede ser el principio de una
buena solución para no heredar conflictos que es lo que menos deseamos, hablen
con su notario, seguro estoy que recibirán una buena asesoría.