viernes, 6 de julio de 2012

De boca a oído

Hechos actuales y antiguos

Por: Julio Torres.
Muchas disciplinas recomiendan que al establecer comunicación que podemos llamar natural como es en la oración o simplemente cuando no contamos con un equipo especial que nos permita enviar un mensaje a determinada persona, lo recomendable es tratar de imaginar a la persona receptora de nuestro mensaje y ella lo escuchará.
Por miles de años pareciera que ese ha sido el único sistema utilizado que se denominó como “magia” pero hasta que punto es magia o hasta que punto es una realidad, lo importante es que ha funcionado, nadie sabe como funciona pero el hecho es que funciona.
Muchas veces he recomendado tratar de comprender el fenómeno que ocurre con la oración establecida en la liturgia católica, que cuenta con un regimiento de “santos” adecuados para cada ser humano siempre que existe la llamada devoción que la liturgia establece.
Alguien explicó la mecánica de la siguiente forma: Como generalmente se utiliza la comunicación espiritual con el fin de solicitar ayuda o agradecer un favor recibido, entonces se elige la imagen de un santo o del ser supremo como lo imagine, y solicita o agradece describiendo concretamente dicha petición o mensaje.
Deduzco que no necesariamente es la imagen o la entidad espiritual la que escucha la petición, que en realidad no importa quien la escuche o quien la perciba, lo importante es que alguien reciba ese mensaje y lo transmita a su vez a otra entidad y ella a otra hasta llegar a su destino.
Dicha petición entonces, debe ser lo más concreta y específica posible, ya que coloquialmente dicho, estará siendo transmitida de “boca a oído” como ocurre en situaciones practicadas en este mundo cuando transmitimos un mensaje de “boca a oído”.
En los ejercicios de comunicación humana se le ha calificado como “teléfono descompuesto” al transmitir un mensaje de boca a oído, porque casi nunca llega el mensaje original a la última persona que lo recibe, pues a medida que ese mensaje pasa de una a otra persona, por sistema se desvirtúa en cada paso de la comunicación.
Imaginemos entonces lo que significa hacer una petición divina que carece de los elementos necesarios o suficientes, que permitan afirmar que nuestro mensaje llegará a buen puerto, ya que esa petición pasará de boca a oído en un número determinado de “personas o entidades”.
Sucede lo mismo con la oración y en este caso me refiero a todo tipo de oración en cualquier disciplina, pues si la petición carece de elementos concretos y bien definidos, lo más seguro es que el mensaje nunca llegue a su destino, y tal vez se convierta en el principio de una incredulidad hasta enfermiza en el mundo que nos rodea.
Así pues, se recomienda primero: estructurar un mensaje con todos los elementos necesarios que nos aseguren que no sufriremos un “teléfono descompuesto” y experimentar la frustración de pensar que a quien le hicimos la petición nunca se enteró de ello, o si llegó fuera de tiempo y cuando nos envía la respuesta ya no la necesitamos.
El principio dice que: “Como es arriba es abajo” o sea, que como nos comunicamos entre nosotros de manera cotidiana, no tiene porque ser distinto en los terrenos divinos, pues si como lo establecen las religiones existe ese otro mundo, poblado de quienes ya no se encuentran con nosotros, entonces, no tiene que ser distinto, solo se trata de inteligencias que actúan de manera similar, creo que vale la pena hacer esta reflexión, ¿no le parece?
Conviene entonces hacer ejercicios de comunicación de “boca a oído” y ejercitar la manera de estructurar mensajes concretos y bien definidos.

domingo, 1 de julio de 2012

El software y el hardware

Hechos actuales y antiguos

Por: Julio Torres.
Como fantasía, he llegado a la conclusión de comparar las funciones del cuerpo humano con los términos modernos, y concretamente de la tecnología computacional, desde luego, con el fin de encontrar un punto de convergencia entre nosotros los viejos y ustedes los jóvenes, en la manera de intercambiar conocimientos que son los mismos pero definidos de distinta manera.
Desde luego que no pretendo emitir conocimientos ortodoxos en ninguno de los campos, sino un tanto empíricos, con el fin de que lleguen a mayor cantidad de personas y que sean útiles en todo momento y encontrar de ese modo respuestas sencillas pero útiles a todos.
En un artículo anterior dejé establecido que nuestro cuerpo desde el momento en que es concebido en el vientre materno, está fabricado con tal precisión que no existe maquinaria alguna que se compare, tal vez en las fábricas de motores de automóvil pudiera existir algún punto de comparación ligeramente cercano ya que a la fecha dichos motores funcionan casi a la perfección.
Pues así como en la fábrica de motores de automóviles existe un ingeniero jefe, responsable absoluto, así en la fabricación del cuerpo humano existe un responsable absoluto, del cual hablaremos en futuros reportajes, mientras tanto nos quedamos con la idea de que tiene que existir un responsable absoluto en la fábrica de seres humanos.
Ese responsable absoluto tanto en los motores como en las computadoras es muy parecido al responsable de los cuerpos humanos, entonces, conviene definirlos a ambos como los que colocan el sistema operativo en sus máquinas, en unos ya son máquinas listas para el trabajo y en los seres humanos listos a enfrentar la vida.
Conviene comprender que unos y otros van a necesitar de una fuerza que no se fabrica en ninguna parte del planeta, en realidad no sabemos donde se encuentra esa fábrica, unos van a requerir de un elemento que conocemos como electrón y el otro, un elemento que denominamos célula, y unidas muchas células forman un cuerpo viviente de cualquier especie, y muchos electrones unidos forman lo que conocemos como materia, pero ambos requieren ser tocados quizás con una varita mágica que dará vida a esas máquinas.
El motor de automóvil requiere electrones que produzcan una chispa y que el combustible explote y de esa manera mueva los pistones, la computadora requiere también de electrones y con ellos funciona la fuente de alimentación y el sistema operativo se activa, el cuerpo viviente requiere que las células comiencen a vibrar y entonces se vuelve autónomo y así se pueda mover con entera libertad.
Solo falta que alguien ordene como y a que velocidad debe funcionar el motor del automóvil o que alguien le diga a la computadora lo que quiere que haga y en que forma, el cuerpo viviente tiene el mismo problema, necesita que le digan que es lo que debe hacer y como, en los tres aparatos se necesita entonces lo mismo, un software que determine como y en que momento, cada aparato se moverá conforme a su software que serán ejecutados por el hardware que se defina para cada caso.
Ese software organizará los movimientos que haya de hacer el motor y en la computadora, su software le indicará lo que deben hacer sus elementos en el trabajo que requiera y finalmente el software del cuerpo viviente resolverá el manejo de los datos de ida y vuelta durante cada orden que ejecutará el hardware designado, porque ya sabemos que poseemos cinco: guato, olfato, vista, oído y tacto, el software designará que hardware trabajará y en que momento.
Ya tenemos entonces respuestas que nos definen perfectamente la dualidad en las máquinas propuestas y su similitud es asombrosa, esa es la dualidad que vamos a encontrar en todas las disciplinas descubiertas en el transcurso de los años, en el transcurso de la vida, y son datos que aunque se pierden en la noche de los tiempos, de alguna manera prevalecen en el proceso generacional y se repiten.
Un dato agregado es el hecho de que dos seres vivientes que en apariencia tienen el mismo software, actúan de distinta manera ante un mismo evento, una computadora actúa de la misma manera que el motor del automóvil, pero cada uno con diferencias notorias, entonces se desprende de lo anterior que cada ejemplo tiene su propia personalidad, creo que comienzan a tener sentido algunos términos y teorías que están plasmadas en muchos textos por demás atractivos, y una vez que pueda razonar con mayor pulcritud lo que ahora he estado escribiendo, trataré de ampliar lo aquí expuesto a mi saber y entender en futuros escritos.