viernes, 17 de junio de 2011

Imagina una fábrica de felicidad


Por: Julio T.

¿Dónde construir una fábrica de felicidad? Las personas dicen que solo con salud dinero y amor es que se puede construir la felicidad, argumentan que solo así es posible ser feliz.

Quizás tengan razón, si hay salud, el dinero se puede conseguir y el amor hasta se puede comprar con el dinero, pero pregunto, ¿Dónde construir esa fábrica de felicidad?

Habrá quien la ubique en una playa, o en la montaña, en un racho que posea todas las comodidades, tal vez hasta en una pequeña cabaña en clima frío, o caluroso.

Parece que la decisión no es sencilla, la realidad es que debemos analizar las cosas con más cuidado y diseñar el mejor proyecto que pueda hacer realidad esa felicidad.

No necesitamos recorrer muchos kilómetros para encontrar el mejor lugar, ni cruzar el océano, la felicidad se encuentra frente a nosotros, en un punto sobre nuestra nariz.

Solo habremos de colocarnos frente a un espejo y preguntar a ese personaje que se refleja, muy parecido a nosotros, como construir una fábrica de felicidad.

Es lamentable que no podemos describir nuestros rasgos físicos con certeza, alguna vez organicé una encuesta, interrogué a muchas personas para que se describieran y el resultado fue desastroso, nadie acertó, solo contestaron de manera parcial.

Pero en realidad la felicidad es solo un estado de ánimo caracterizado por la alegría y el bienestar, muchas veces se desea suerte como sinónimo de felicidad.

Experimentar placer, satisfacción y gran alegría se interpreta como estar feliz, ser exitoso dicen es ser feliz, otras veces expresamos al amigo, el deseo de prosperidad y buena ventura.

Ser feliz debía ser uno de los principales objetivos en nuestra vida, considero que en el proyecto divino se encuentra encabezando la lista el ser feliz.

Existen tantos efectos que nos contaminan, que resulta a veces imposible conseguir esa tan ansiada felicidad, pero la regla dice que debemos insistir una y otra vez hasta conseguirla.

En algún lugar leí que la felicidad la encontramos cuando trabajamos en lo que en verdad nos gusta.

La primera sonrisa de un bebé, nos proporciona tal felicidad que se queda grabada en nuestra memoria por siempre, como la emoción del primer beso con el sexo opuesto.

La fecha de nuestro nacimiento es motivo de felicidad ya sea por el festejo o por los regalos que algunas veces recibimos, o solo por la emoción de contar un año más.

Aunque esto a la mayor parte de las damas no agrada mucho, pero en cambio, la sonrisa que se dibuja en la sutileza femenina, cuando adquiere un vestido que le ajusta a la perfección.

Yo lo calificaría como la verdadera felicidad cuando además de ajustarle a la perfección un vestido recibe alguna frase halagadora con las palabras exactas, precisas y puntuales.

El mejor proyecto es aprender a levantar a diario una fábrica de felicidad, la inversión es pequeña, solo tenemos que hacerlo, nada impide levantar esos muros.

Se es feliz si se quiere ser feliz, no debemos olvidar que cuesta el mismo esfuerzo ser feliz que ser infeliz, como cuesta el mismo trabajo adular a una mujer que viste elegante.

Cuantas veces encontramos personas que solo por hacer daño critican de manera agresiva el vestido o la actitud de otra persona solo por el placer de evitar sea feliz.

Por lo que recomiendo, siempre debemos estar atentos como soldados de un mundo feliz, para descubrir el momento en que la felicidad se presenta ante nuestros ojos.

Cuidado si no la percibe, porque solo existe un momento preciso y en el lugar exacto, cuando esa felicidad aparece, no la deje pasar o se arrepentirá el resto de su vida.

Estimo que más vale equivocarse cuando se toma una felicidad que no era nuestra, que dejarla pasar por apatía o simple duda.

Todos podemos construir una fábrica de felicidad, solo hay que tener el valor suficiente para iniciar la reconstrucción.

Construyan su felicidad ahora, no se vale una felicidad de segunda mano.

martes, 14 de junio de 2011

Leyenda y vivir no es fácil

hoy imaginamos

Por: Julio Torres.

Desde luego que vivir no es fácil, los sueños puestos en palabras suenan muy bonitos, muchas historias muestran un mundo muy bonito que más parece un cuento de hadas.

Cuando tenemos un sueño y comenzamos a trabajar para lograrlo, algunas veces de manera intempestiva algo sucede y todo se estropea y el entusiasmo se va a la basura.

No hay más remedio que abandonar el proyecto, la sensación de fracaso permanece arraigado y el deseo de insistir desaparece, con el tiempo, el amor de ese sueño se transforma en amargura.

Surgen trabas al por mayor que terminamos acobardados, y para no sufrir, las ilusiones van a parar al cesto de la basura y el sufrimiento por el fracaso resulta difícil de digerir.

Vivir no es sencillo, eso todos lo sabemos, tampoco es fácil erradicar los sentimientos negativos o los miedos, nadie nos dijo en el principio de la vida que es difícil vivir.

Nuestros padres nos enseñaron a callar, si algo no gustaba, el respeto a las personas impedía emitir un juicio, se etiquetaba como una falta de educación, era tanto como poner la otra mejilla.

Muchas veces, al actuar de esa manera acarrea sentimientos malos y culpas improcedentes, porque los padres eran tan exigentes que buscaban hacernos sentir culpables.

Esa tiranía provoca grandes conflictos en el camino para alcanzar la perfección en cualquier actividad,  dominar los miedos y fracasos es el principio del triunfo.

Mis padres me enseñaron a ser generoso y aprendí la lección bastante bien, a tal grado que demasiadas personas me defraudaron sin merecerlo y me califiqué como un inútil.

Esto le pasa a mucha gente y me pregunto: ¿Cuál debe ser entonces la actitud que debo tomar para hacer la vida más fácil? Creo que esta es una pregunta común.

La receta para realizar un sueño es en primer lugar: Imaginar un gran objetivo, con planes y proyectos, colocados en un perfecto orden, desde el más grande hasta el más chico.

Una cuchara aunque sea pequeña de grandes deseos y comenzar a cocinar todo con amor y paciencia, el fuego de estas acciones es lento y el tiempo de cocimiento será el justo y necesario.

Terminado el proceso vestiremos la mesa con lujo exquisito para saborear a plenitud el sueño realizado.

El otro punto fundamental es nunca dejar de tener otros sueños y trabajar sin preocupaciones, simplemente debemos mantener la calma porque en cualquier momento aparece la solución que estamos esperando.

Muchas veces no percibimos que la solución ha llegado, solo porque no se ha presentado como la imaginamos, en ese momento es cuando perdemos la gran oportunidad.

Sin darnos cuenta que hemos perdido la gran oportunidad de disfrutar lo que hemos estado deseando, disfrutar es lo más importante en esta vida.

Vale la pena denunciar al enemigo más grande que tiene el ser humano y que es el que impide disfrutar de la vida, que impide ser feliz, es el miedo.

El miedo paraliza, genera la cobardía, nos arroja a la soledad, nos sentirnos inútiles, perdemos amistades trabajos y afectos, destruye más que una enfermedad.


Vivir es maravilloso.

lunes, 13 de junio de 2011

Aplicar la masonería

hoy imaginamos

Por: Julio Torres.

Lo primero que se aprende al ingresar a la masonería es a utilizar la fuerza que proporciona la candidez de un niño que solo cuenta con tres años de edad con deseos de saber todo.

Una vez que comienza a entender lo que la masonería le muestra, aprecia y disfruta la belleza de las cosas que  la vida le ofrece, por medio de símbolos.

Luego se entera de que posee inteligencia por sobre el resto de las especies vivas, lo que le permite deducir y obtener la mejor opción en cada uno de los asuntos.

Sabe también que puede actuar con rectitud o no, esto es, descubre que tiene el poder de decidir libremente si procede con rectitud, en favor o en contra y lo bautiza como libre albedrío.

Aprende también a utilizar el concepto de valor, pero no un valor para enfrentar discrepancias de cualquier tipo, sino el valor para dar a cada cosa la dimensión que en realidad poseen.

El practicar los conceptos apuntados exige una dosis de prudencia necesaria para evitar cualquier exageración que pueda dañar los buenos oficios que se pretenden.

El epilogo de todo lo que hemos estado relatando hasta el momento, tiene un objetivo firme y concreto, la filantropía, que todo masón que se precie de ser, debe practicar sin restricción.

Cuando hemos aprendido y practicado los conocimientos descritos, con sencillez encontramos que nos volvemos más útiles a nuestros semejantes, ahora comienza a tener sentido cada uno de los símbolos visibles e invisibles en los trabajos de logia.

Es claro que falta mucho camino por recorrer, ahora nos enfrentamos en realidad a los verdaderos enemigos de la masonería, la ignorancia, la hipocresía y la ambición.

Personajes conocidos desde temprana edad han sido esos enemigos, los hemos visto, los hemos sentido, nos han hecho daño indudablemente, pero, ¿Cómo defendernos?

La ignorancia hemos visto que uno de los enemigos más feroces para el ser humano, con ella nos colocamos a merced del que más sabe, del que por azar o por herencia tiene todo.

La ignorancia siempre va de la mano de la apatía o la pereza, la ignorancia no se encuentra en la persona que tiene deseos de superación, la ignorancia casi es sinónimo de flojera.

Una persona hipócrita es normalmente el ejecutor de los males que aquejan al ignorante, ya que en él encuentra terreno fértil para hacer funcionar todos los proyectos necesarios para él.

Logra inclusive dominar a tal grado al ignorante, que es capaz de convertirlo en fanático de cualquier disciplina, inclusive religiosa y no siempre con buenas intenciones.

Luego entra en escena el otro enemigo, el ambicioso, que no se detiene ante nada ni ante nadie para conseguir lo que quiera a cualquier costo, que en general lo paga el ignorante.

Podemos imaginar lo que sucede cuando una sola persona acapara la hipocresía y la ambición, no me atrevo a describir lo que puede conseguir si tiene a la mano a un ignorante.

Creo que se entiende ahora la razón de existir de la masonería y la manera de aplicar los conocimientos, pero siempre en bien general de la humanidad.

Por medio de símbolos hemos aprendido a utilizar la fuerza con inteligencia, apreciamos ahora la belleza desde otro punto de vista con la candidez de quien comienza a aprender.

Encontramos similitudes entre la belleza y la rectitud, entre el valor y la candidez, entre la prudencia que nos obliga a moderar la fuerza, entre la filantropía y la candidez que obliga a ser filántropo con cierta candidez evitando la exageración de las acciones.

La multitud de formas como se puede aplicar el conocimiento de la masonería suele ser infinito, al ejecutar ese conocimiento nos produce placer, el placer de servir a nuestros semejantes.