Por: Julio T.
¿Dónde construir una fábrica de felicidad? Las personas dicen que solo con salud dinero y amor es que se puede construir la felicidad, argumentan que solo así es posible ser feliz.
Quizás tengan razón, si hay salud, el dinero se puede conseguir y el amor hasta se puede comprar con el dinero, pero pregunto, ¿Dónde construir esa fábrica de felicidad?
Habrá quien la ubique en una playa, o en la montaña, en un racho que posea todas las comodidades, tal vez hasta en una pequeña cabaña en clima frío, o caluroso.
Parece que la decisión no es sencilla, la realidad es que debemos analizar las cosas con más cuidado y diseñar el mejor proyecto que pueda hacer realidad esa felicidad.
No necesitamos recorrer muchos kilómetros para encontrar el mejor lugar, ni cruzar el océano, la felicidad se encuentra frente a nosotros, en un punto sobre nuestra nariz.
Solo habremos de colocarnos frente a un espejo y preguntar a ese personaje que se refleja, muy parecido a nosotros, como construir una fábrica de felicidad.
Es lamentable que no podemos describir nuestros rasgos físicos con certeza, alguna vez organicé una encuesta, interrogué a muchas personas para que se describieran y el resultado fue desastroso, nadie acertó, solo contestaron de manera parcial.
Pero en realidad la felicidad es solo un estado de ánimo caracterizado por la alegría y el bienestar, muchas veces se desea suerte como sinónimo de felicidad.
Experimentar placer, satisfacción y gran alegría se interpreta como estar feliz, ser exitoso dicen es ser feliz, otras veces expresamos al amigo, el deseo de prosperidad y buena ventura.
Ser feliz debía ser uno de los principales objetivos en nuestra vida, considero que en el proyecto divino se encuentra encabezando la lista el ser feliz.
Existen tantos efectos que nos contaminan, que resulta a veces imposible conseguir esa tan ansiada felicidad, pero la regla dice que debemos insistir una y otra vez hasta conseguirla.
En algún lugar leí que la felicidad la encontramos cuando trabajamos en lo que en verdad nos gusta.
La primera sonrisa de un bebé, nos proporciona tal felicidad que se queda grabada en nuestra memoria por siempre, como la emoción del primer beso con el sexo opuesto.
La fecha de nuestro nacimiento es motivo de felicidad ya sea por el festejo o por los regalos que algunas veces recibimos, o solo por la emoción de contar un año más.
Aunque esto a la mayor parte de las damas no agrada mucho, pero en cambio, la sonrisa que se dibuja en la sutileza femenina, cuando adquiere un vestido que le ajusta a la perfección.
Yo lo calificaría como la verdadera felicidad cuando además de ajustarle a la perfección un vestido recibe alguna frase halagadora con las palabras exactas, precisas y puntuales.
El mejor proyecto es aprender a levantar a diario una fábrica de felicidad, la inversión es pequeña, solo tenemos que hacerlo, nada impide levantar esos muros.
Se es feliz si se quiere ser feliz, no debemos olvidar que cuesta el mismo esfuerzo ser feliz que ser infeliz, como cuesta el mismo trabajo adular a una mujer que viste elegante.
Cuantas veces encontramos personas que solo por hacer daño critican de manera agresiva el vestido o la actitud de otra persona solo por el placer de evitar sea feliz.
Por lo que recomiendo, siempre debemos estar atentos como soldados de un mundo feliz, para descubrir el momento en que la felicidad se presenta ante nuestros ojos.
Cuidado si no la percibe, porque solo existe un momento preciso y en el lugar exacto, cuando esa felicidad aparece, no la deje pasar o se arrepentirá el resto de su vida.
Estimo que más vale equivocarse cuando se toma una felicidad que no era nuestra, que dejarla pasar por apatía o simple duda.
Todos podemos construir una fábrica de felicidad, solo hay que tener el valor suficiente para iniciar la reconstrucción.
Construyan su felicidad ahora, no se vale una felicidad de segunda mano.