viernes, 15 de julio de 2011

Imagina filosofía urbana


Por: Julio Torres:

Un viaje en vehículo público me proporcionó una gran alegría en días pasados, abordó en una determinada estación una mujer joven con su hijo en brazos, no ocultaba que se trataba de su primer hijo.

Le acompañaba un hombre de bastante edad, como la mía, que después me enteré que se trataba de su abuelo de esa mamá jovencita y al ver que disfrutaba con ellos la escena amorosa con el niño, no hubo más remedio que entablar una conversación.

Manifesté que el ver una nueva vida era lo más importante en la vida, ver que el principio de generación estaba cubierto perfectamente, pues el ver ese principio generacional se reafirmaba el objetivo de vida.

Exaltamos las bondades de la vida y al tocar el punto de procedencia nos alegramos al descubrir que esa persona mayor y yo habíamos estudiado en la misma escuela secundaria.

Comenzamos a recordar aquellos tiempos maravillosos con nuestros maestros y desde luego las tonterías que se cometían propias de la edad dentro y fuera de clase.

Los conflictos que diseñaba el maestro de matemáticas para obligarnos a comprender cada uno de los enunciados y leyes de la materia y la manera de comprenderlos para la aplicación en la vida cotidiana.

Recordamos desde luego a las maestras guapas que impartían literatura historia y algunas materias más, hasta del amor platónico que se presentaba con ellas.

Es posible que el despertar a los años adolescentes haya cultivado ese amor platónico pero recuerdo que nosotros lo considerábamos inocente, difícil era verlo de otra manera.

Recordamos los talleres de carpintería, herrería y demás que se impartía en esas escuelas que buscaban prepararnos para un oficio si se daba el caso de tener que abandonar los estudios.

Recordamos también las veces que huimos de la escuela por el simple gusto de faltar a las reglas de asistencia y la manera como sufríamos las consecuencias, pero aún eso significó el disfrutar de la edad.

Los puntos de convergencia que ambos describimos a lo largo de algunos kilómetros de recorrido indican que pudimos haber sido compañeros de grupo y sin embargo no logramos recordar algo relevante.

Lo más importante es que allí estábamos los dos conversando y recordando esos años maravillosos que buena huella quedó marcada en nosotros.

Esas personas abandonaron el vehículo antes que yo y el sentimiento de alegría y nostalgia me mantuvo un instante con actitud reflexiva de tal suerte que otro pasajero me dijo: gracias, gracias por el momento que nos han proporcionado a quienes les escuchamos.

El resto de los pasajeros que estuvieron atentos a nuestra conversación hicieron lo mismo y no se imagina usted la alegría que eso me proporcionó, por eso lo comparto.

Es muy fácil filosofar, no se necesita ser erudito en la materia, debemos tratar de recuperar la manera de conversar en todo momento, alimenta mejor que el aislarse con los audífonos del teléfono celular.

Hoy y siempre, conversar es filosofar, es un gran alimento para el espíritu.

jueves, 14 de julio de 2011

Imagina volver a empezar


Por: Julio Torres.

Muchas veces he escuchado la frase: Volver a empezar, y eso me recuerda que he vuelto a empezar muchas veces en mi vida, que dicho sea de paso no es corta, más bien parece que ha sido bastante larga, pero muy bonita.

No siempre mostramos sabiduría cuando volvemos a empezar, nos aferramos a lo que nos hace sufrir, ¿La educación familiar será la causante? O ¿Es la influencia externa la que provoca el efecto avasallador?

No siempre mostramos sabiduría para hacer buenas elecciones, pero la ventaja es que podemos seguir eligiendo siempre, en el fondo seguimos siendo libres a la hora de pensar.

Siempre existe una nueva oportunidad y muchas oportunidades, parece que solo debemos proponernos buscar esa nueva oportunidad, pero con actitud en verdad pro positiva.

Sin embargo, me pregunto: ¿Cuántas veces en la vida me puedo equivocar y puedo volver a empezar? ¿Habrá alguna ley que determina un final que impida volver a empezar?

He vuelto a empezar tantas veces que he perdido la cuenta, afirmo que siempre podemos volver a empezar, ignoro como es que funciona pero, he vuelto a empezar.

Muchas veces he pensado que no es descabellado el asunto del regreso a la vida, creo que todos merecemos la oportunidad de volver a empezar, no me parece justo que algo impida corregir el rumbo.

La mayor parte de las veces que nos equivocamos considero que no lo hacemos consciente de ello, más bien lo considero accidental o inconsciente, de manera que nos debe asistir el derecho a corregir el camino.

Se me ocurre pensar que si vuelvo a tener la oportunidad de vivir, lo deseable sería que de alguna manera se me permitiera corregir el daño hecho a quienes les provoqué algo reprobable.

Puedo confesar que cualquier daño provocado por mí, lo hice sin dolo ni mala fe, que más bien lo hice por descuido o por ignorancia, y en verdad desearía poder corregir lo que haya que corregir.

Creo que es un derecho que me sea concedida la oportunidad de corregir para volver a empezar, claro que entiendo que podría cometer nuevos errores, pero afirmo que nunca aplicaré dolo o mala fe.

Cuantas veces vivimos en un infierno en nuestro interior, muchas veces alimenta sentimientos dolorosos en la mente y lo sufrimos por tiempo ilimitado, pero no sabemos como corregirlo.

De cualquier manera estoy convencido de que la vida es bella, cuando se toma como una bendición y no como un castigo, no entiendo a quien cree que ha venido a la vida para ser castigado.

La vida invita a viajar entre los afectos, entre la gente que se acerca y la que se aleja, cada una en su momento y cada una entrega siempre un mensaje de sabiduría en el momento en que se necesita.

Buscamos sobrevivir y muchas veces no sabemos vivir, buscamos todo el tiempo que los demás nos acepten, que nos quieran.

Buscamos constantemente amor, y no vemos que el amor es la vida, si se ama la vida, ella nos ama también, por eso es importante imaginar volver a empezar.

lunes, 11 de julio de 2011

Imaginar la semilla



Por: Julio Torres.

Trataremos de imaginar lo que pasa cuando el hombre siembra la semilla en la mujer para que germine un fruto hermoso, como lo es una nueva vida humana.

Muchos son los meses que una madre utiliza para modelar esa nueva vida, pareciera que día a día se tomara un tiempo para esculpir desde el dedo más pequeño hasta el órgano más complicado.

Una vez que el proceso ha concluido y el fruto de esa semilla adquiere un nuevo estado, es decir, que una nueva vida llega a este mundo, no existe mayor satisfacción que disfrutar a ese niño en nuestros brazos.

La descripción que muchas mujeres hacen del primer momento en que tienen en sus brazos a ese nuevo ser que comienza a escribir su historia es muy variada y con una carga de hermosura que solo ellas pueden describir.

Es claro que esto es solo el principio de un gran argumento de vida, se parece a la vida de un árbol que desde sus raíces se pretende que el crecimiento sea lo más sano posible.

Esta nueva vida que nos ocupa es parte de ese árbol llamado familia y el trabajo de papá y mamá es el que cuidará cada uno de los detalles para que ese árbol se desarrolle de manera armoniosa.

Puede suceder que uno de los frutos de esa familia se deteriore por alguna causa y no por ello se puede afirmar que el fruto no sirve, lo que debemos hacer es aplicar una terapia al árbol y no al fruto.

Un miembro de una familia cuando se equivoca tomando caminos no adecuados en su vida, nos conduce a buscar ayuda profesional para ese miembro o ese fruto y lo que se debe hacer es buscar ayuda para la familia, es allí donde las cosas no están bien.

Es fácil culpar al fruto, porque es tal vez la parte débil de la familia, de manera que es más importante investigar que es lo que estamos haciendo mal a nivel familiar.

Una retrospectiva adecuada puede ser investigar cuando fue la última vez que salimos al campo como familia a disfrutar de las maravillas de la naturaleza.

Cuando fue la última vez que mamá y papá salieron a caminar solos, como pareja a disfrutar de un sencillo paseo en el jardín cercano con el motivo más simple, recordar su noviazgo.

Porque se ha perdido la costumbre de reunir a la familia los fines de semana por lo menos para enterarse de los acontecimientos pasados presentes y futuros.

Creo que es muy importante descubrir cual es la enfermedad de los frutos de ese árbol conocido como familia, pero lo más importante es atender a la familia, atender al árbol.

Existen muchas parábolas en los escritos antiguos donde se ocuparon de la descripción de los hijos que algún día perdieron el camino y la manera como lo corrigieron.

Como inicio en la solución de los problemas familiares, vale la pena buscar y no duden que encontrarán la respuesta adecuada para cada caso en particular.

Lo importante es descubrir que puerta se debe tocar para encontrar la solución, y lo más importante, entender el problema y buscar la solución adecuada.

La semilla, si es buena, excelente será el fruto que producirá.