domingo, 13 de noviembre de 2011

La crueldad de la guerra


Toda guerra es cruel, pues las reglas de guerra no siempre se respetan por razón de los tiempos que se viven y durante la conquista de México no fue la excepción, algunas narraciones describen lo siguiente:

“Los indígenas se empeñaban en capturar vivos a los españoles, y poderlos sacrificar después en los altares, esto le resta eficacia a los ataques, y a los que llevaban vivos no les mataban, sino les daban heridas peligrosas.

Con esas heridas no se podían defender y entonces los llevaban vivos y los sacrificaban a sus ídolos”. Esta narrativa concuerda con lo relatado por Bernal Díaz del Castillo.

Dice Bernal Díaz: “Tornó a sonar el tambor de los Huichilobos y otros muchos atablejos y caracoles y cornetas y otras como trompas y todo el sonido espantable y triste”.

“Y miramos arriba donde los tañían y vimos que llevaban por fuerza las gradas arriba a empujones y bofetadas y palos a nuestros compañeros que habían tomado en la derrota que dieron a Cortés que los llevaban a sacrificar”.

“Y de que ya los tenían arriba en una placeta que se hacía en el adoratorio, donde estaban sus malditos ídolos, vimos que a muchos de ellos les ponían plumajes en las cabezas y con unos como aventadores les hacían bailar delante de Huichilobos”.

“Y cuando habían bailado, luego les ponían de espaldas encima de unas piedras que tenían hechas especiales de sacrificio, y con unos nava jones de pedernal les aserraban los pechos y les sacaban los corazones bullendo, y se los ofrecían a sus ídolos que allí presentes tenían”.

“Y a los cuerpos dábanles con los pies por las gradas abajo y estaban aguardando otros indios carniceros, que les cortaban brazos y pies, y las caras desollaban y las adoraban como cueros de guantes y con sus barbas y hacer fiestas con ellas cuando hacían borracheras”.

“Y se comían las carnes con chimoles y los cuerpos que eran las barrigas y tripas, echaban a los tigres y leones y sierpes y culebras que tenían en la casa de las alimañas”.

“Y digamos cómo en la mañana venían muchas capitanías juntas a no cercar y dar guerra, y entonces cuando estábamos peleando con ellos nos decían, que no éramos buenos en cosa ninguna, ni podíamos hacer casa ni maizales”.

“Y que no éramos sino el venir a robar su ciudad, como gente mala que habíamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro rey y señor, y esto decían por lo que Narváez les había enviado a decir, que veníamos sin licencia de nuestro rey”.

“Y nos decían que de allí a ocho días no había de quedar ninguno de nosotros a vida, porque así se lo habían prometido la noche antes a sus dioses y a la postre decían”:

“Mirad cuan malos y bellacos sois, que aún vuestras carnes son malas al comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de amargor”.

Quiero puntualizar que resulta un poco difícil hacer una transferencia del castellano antiguo al castellano actual por un lado y por el otro la ortografía que acepta este programa.  

Lo que queda claro es que dicho de una manera o de otra, la crueldad de la guerra que culminó con la conquista de Tenochtitlán, mostró la crueldad de toda guerra, espero que una lucha como esa nunca más se repita en estas tierras.

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