Toda
guerra es cruel, pues las reglas de guerra no siempre se respetan por razón de
los tiempos que se viven y durante la conquista de México no fue la excepción,
algunas narraciones describen lo siguiente:
“Los
indígenas se empeñaban en capturar vivos a los españoles, y poderlos sacrificar
después en los altares, esto le resta eficacia a los ataques, y a los que
llevaban vivos no les mataban, sino les daban heridas peligrosas.
Con
esas heridas no se podían defender y entonces los llevaban vivos y los
sacrificaban a sus ídolos”. Esta narrativa concuerda con lo relatado por Bernal
Díaz del Castillo.
Dice
Bernal Díaz: “Tornó a sonar el tambor de los Huichilobos y otros muchos
atablejos y caracoles y cornetas y otras como trompas y todo el sonido
espantable y triste”.
“Y
miramos arriba donde los tañían y vimos que llevaban por fuerza las gradas
arriba a empujones y bofetadas y palos a nuestros compañeros que habían tomado
en la derrota que dieron a Cortés que los llevaban a sacrificar”.
“Y de
que ya los tenían arriba en una placeta que se hacía en el adoratorio, donde
estaban sus malditos ídolos, vimos que a muchos de ellos les ponían plumajes en
las cabezas y con unos como aventadores les hacían bailar delante de
Huichilobos”.
“Y
cuando habían bailado, luego les ponían de espaldas encima de unas piedras que
tenían hechas especiales de sacrificio, y con unos nava jones de pedernal les
aserraban los pechos y les sacaban los corazones bullendo, y se los ofrecían a
sus ídolos que allí presentes tenían”.
“Y a
los cuerpos dábanles con los pies por las gradas abajo y estaban aguardando
otros indios carniceros, que les cortaban brazos y pies, y las caras desollaban
y las adoraban como cueros de guantes y con sus barbas y hacer fiestas con
ellas cuando hacían borracheras”.
“Y se
comían las carnes con chimoles y los cuerpos que eran las barrigas y tripas,
echaban a los tigres y leones y sierpes y culebras que tenían en la casa de las
alimañas”.
“Y
digamos cómo en la mañana venían muchas capitanías juntas a no cercar y dar
guerra, y entonces cuando estábamos peleando con ellos nos decían, que no
éramos buenos en cosa ninguna, ni podíamos hacer casa ni maizales”.
“Y que
no éramos sino el venir a robar su ciudad, como gente mala que habíamos venido
huyendo de nuestra tierra y de nuestro rey y señor, y esto decían por lo que
Narváez les había enviado a decir, que veníamos sin licencia de nuestro rey”.
“Y nos
decían que de allí a ocho días no había de quedar ninguno de nosotros a vida,
porque así se lo habían prometido la noche antes a sus dioses y a la postre
decían”:
“Mirad
cuan malos y bellacos sois, que aún vuestras carnes son malas al comer, que
amargan como las hieles, que no las podemos tragar de amargor”.
Quiero
puntualizar que resulta un poco difícil hacer una transferencia del castellano
antiguo al castellano actual por un lado y por el otro la ortografía que acepta este programa.
Lo que
queda claro es que dicho de una manera o de otra, la crueldad de la guerra que
culminó con la conquista de Tenochtitlán, mostró la crueldad de toda guerra,
espero que una lucha como esa nunca más se repita en estas tierras.
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