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sábado, 3 de septiembre de 2011

En patrimonio

Repartir el patrimonio que tanto esfuerzo ha costado a lo largo de la vida, no es cosa fácil, cierto que puede ser muy pequeño, pero es lo que a la fecha existe, suficiente para que mis hijos puedan mantenerse y quizás lo puedan hacer crecer.

Aunque hoy día no tengamos la cultura del testamento, quiero tocar este punto que de acuerdo a encuestas empíricas, este es uno de los problemas fuertes en la sociedad mexicana de todos los niveles, y me temo que lo que pasa es que tampoco se tiene la cultura bien clara de lo que significa bien vivir y bien morir.

Gran problema resulta atender los asuntos que dejaron pendientes padres o abuelos, generalmente se habla de casas intestadas, hasta la ropa que dejó quien cruzó el portón de la vida, es motivo de discusiones entre hermanos o parientes.

Cuando se es viejo y alguien trata de indicarnos lo que se debe hacer, generalmente surge un conflicto con la afirmación: todavía no me estoy muriendo, o que ¿Ya me quieres enterrar?, o ¿Para que, sino no tengo nada de valor?

Todo lo que se tiene mucho o poco, todo es valioso, la simple pensión por muy pequeña que sea, debe aparecer en el testamento por lo menos para comprar flores y ayuda económica para los gastos finales.

Un auto usado, aunque el valor sea pequeño, mas vale que un testamento especifique un beneficiario, para que se pueda vender sin ningún contratiempo, un testamento simplifica lo que haya que hacer.

Nada justifica dejar ese problema, nada justifica la apatía en estos asuntos, solo me pregunto si a lo largo de 30, 40 0 50 años la familia logró construir una casa modesta.

Con determinados lujos o sin ellos, y quien parte primero es el jefe de la familia, menudo problema deja a la viuda si muere intestado.

La mamá, como es razonable quiere por igual a todos sus hijos, y que mejor que conservar la unidad, inclusive en la misma casa.

Pero si al crecer, se casan y forman familia propia o derivada, por lo general los cónyuges no se descubre antes lo que piensan al respecto, pero también “tienen derecho”.

Los hijos piensan que la casa debe venderse para repartir el capital, y nadie toma en cuenta el sacrificio para levantar ese pequeño gran palacio, pero todos pelean su derecho, ¿Qué hacer entonces?

Opina un amigo, que es bueno elaborar un testamento con la figura que se denomina patrimonio, que impide la venta de la casa, solo permite renovación y mantenimiento.

Una consulta con cualquier notaría despejaría rápidamente la duda, pienso que con esa modalidad, todos los miembros de la familia en segunda y tercera generación, por lo menos tendrían un techo donde vivir.

Invito a quienes esto lean, que lo piensen un instante, puede ser el principio de una buena solución para no heredar conflictos que es lo que menos deseamos, hablen con su notario, seguro estoy que recibirán una buena asesoría.