Por: Julio Torres
Una escuela para padres creo sería una excelente idea, porque en realidad nos convertimos en padres de manera accidental, pues la mayor parte de las veces no entendemos como es que nos involucramos en el amor.
Si en este momento iniciáramos una encuesta para conocer quienes han planeado su relación con la aparente “media naranja” supongo que el resultado sería de gran impacto.
Es posible que al atreverme a contar la historia de mi vida surjan situaciones parecidas que usted querido lector no tendrá más remedio que aceptar, que en una parte pequeña puede encontrar similitudes.
Debo reconocer que en mi juventud no corrí con la misma suerte que muchos de mis amigos, reconozco que a muchos de ellos envidié la manera de relacionarse con el sexo opuesto.
En determinados momentos me llegué a sentir rechazado por la mayor parte de mis amigas, y nunca pude entender que es lo que pasaba, pues cualquiera de mis amigos desechaba pareja con singular sencillez.
De momento, sin entender como, me sentí “cazado” así, con “z” sin darme cuenta me vi involucrado en un embarazo que de verdad no entendía, aunque nunca puse en duda mi participación.
En el último momento, cuando llega a este mundo un encantador bebé, fue tal la emoción que carecía ya de valor el hecho de haber sido “cazado” ahora mi vida tomaba un rumbo desconocido.
Por fortuna gozaba en ese momento de un empleo muy bueno, que me permitía resolver de manera holgada el problema en el que ahora me encontraba, y a construir un hogar así, rápido y efectivo.
El mundo se complicó porque ahora, había que comunicar el acontecimiento a las familias y buscar representar el papel de jefe de familia sin siquiera haber ensayado antes del “debut”
Atender los compromisos de trabajo, y atender los asuntos de la nueva familia, y el papel a representar con la familia anterior y con la familia de ella no era cosa fácil.
Si a un actor se le contrata para representar cinco personajes a la vez, por lo menos se le otorga un espacio de tres meses previos al estreno de la obra, pero a mí, simplemente me colocaron en el escenario sin posibilidad de ensayo.
Como pude, fui representando cada uno de los papeles, preguntando y observando a mis compañeros de trabajo, logré hacer un papel decoroso.
En estos tiempos, cuando han transcurrido cincuenta años, comprendo que me hizo falta un padre a quien preguntar como resolver los problemas que enfrenté a base de error tras error, con resultados algunos simplemente desastrosos.
Mi madre al ser viuda y con muchos hijos, hizo lo que pudo para sacarnos adelante, y me pregunto, que fue lo que ella hizo para sacarnos adelante.
La respuesta que encuentro es solo una, mi madre fue educada en una familia que podemos considerar “normal” donde los papeles de papá y mamá siempre estuvieron perfectamente definidos.
A nuestra familia le faltó el papá, por haber fallecido a temprana edad, no quiero ni imaginar lo que será dentro de unos 20 años cuando el número de divorcios se incremente sin control.
Es claro que no se han implementado escuelas para padres que buena falta hacen, y por otro lado las familias cismáticas aumentan en número, con la agravante de que cada día son más las mamás casi niñas.
Momento es quizás, de voltear a ver este asunto de manera profesional, no debemos olvidar que la familia es la célula social, estamos en peligro de que nuestra sociedad se enferme hasta colocarse en fase terminal.
Proyecto “escuela para padres” es posible que sea la solución.
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